¿Encanna?

José David Sánchez de Medina

Que no, que no puedo evitarlo. Que por más que lo intento cierro los ojos y ahí está el gachón. Lo veo, “me se viene a la cabesa”. Ese Rajoy sentao en esa peaso de mesa de despacho de maera, con traje oscuro y corbata (añada si lo desea peluca rubia rizada de pelo corto), sosteniendo contra su oreja izquierda, colorá ya cual Juan, el auricular del teléfono, de esos aparatos antiguos, grises, con rueda numerada para marcar, mientras escucha al otro lado del interfono:

– ¿Mariaaaano? Por favor, ¿me ponga con Mariano de España?

– Mariano de España perfectamente puesto al aparato, dígame.

– ¿Mariaaaano?

– ¡¡¡SIIIIIII!!!

Millán Salcedo hacía mucho mejor de “Encarna de noche” y Josema Yuste bordaba a la famosa “señora de Algete” en aquella sobresaliente parodia que el dúo “Martes y Trece” regaló a la historia del humor y de la televisión en la Nochevieja…

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“Y si no, nos enfadamos”

José David Sánchez de Medina

Anda que no disfrutaba ná mi abuela Pepa viendo esas cachetás con la mano abierta que le daba Bud Spencer, él solito, a unos dos mil quinientos gánsteres una hartá de malos en el interior de una pizzería llena de globos, mientras su compañero, Terence Hill (ambos alegoría un tanto “spaguetti western” de aquellos Astérix y Obélix de Uderzo y Goscinny), utilizaba la inteligencia y la astucia frente a la fuerza bruta de su robusto amigo… pa endiñarle a otros dos mil quinientos más. Ni una gota de sangre, ni un muerto. Dos millones de tíos tiraos por el suelo “estrosaos”, pero quedaba claro que aún se movían, vivos… violencia, la justa, quillo.

Pues bien. Si lo anterior no le suena a chino, si ha sido capaz de recordar la película concreta e incluso de tararear la famosa canción (¡¡chiquitá, chiquiti, chambareee!! ¡¡paaa, pa, pa, paaaaa!!), seguramente tenga usted un…

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Catalin Georghiu

Fermín Aparicio

Hace años, cuando decidió venir a España, toda la familia desde su Brasov natal, le preguntaba y ¿por qué España? En verdad que con veinticinco años, la carrera de profesor de educación física sin terminar, y un desengaño amoroso en Bucarest, no sabía, y no quería responder a la pregunta. Ha sido años después, ya en la pequeña ciudad del sur, donde le llevó su historia, cuando Catalin creyó encontrar la respuesta, y pudiera ser, al menos eso creía, que la culpa la tuviera el abuelo de su amigo de la infancia.

El abuelo, antiguo brigadista internacional en España y colaborador con el equipo de La Pirenaica,  les contaba, cuando apenas tenían los niños diez años,como era Barcelona, la sierra de Madrid, Valencia…, les hablaba de las huelgas en la España de Franco, de los estudiantes de la Complutense, de los campesinos de Sevilla…, les cantaba el !Ay Carmela¡ con…

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