“Y si no, nos enfadamos”

José David Sánchez de Medina

Anda que no disfrutaba ná mi abuela Pepa viendo esas cachetás con la mano abierta que le daba Bud Spencer, él solito, a unos dos mil quinientos gánsteres una hartá de malos en el interior de una pizzería llena de globos, mientras su compañero, Terence Hill (ambos alegoría un tanto “spaguetti western” de aquellos Astérix y Obélix de Uderzo y Goscinny), utilizaba la inteligencia y la astucia frente a la fuerza bruta de su robusto amigo… pa endiñarle a otros dos mil quinientos más. Ni una gota de sangre, ni un muerto. Dos millones de tíos tiraos por el suelo “estrosaos”, pero quedaba claro que aún se movían, vivos… violencia, la justa, quillo.

Pues bien. Si lo anterior no le suena a chino, si ha sido capaz de recordar la película concreta e incluso de tararear la famosa canción (¡¡chiquitá, chiquiti, chambareee!! ¡¡paaa, pa, pa, paaaaa!!), seguramente tenga usted un…

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